"Aventuras" bajo el mar...

 

 

 

 

 

 Adriana María “Chunguis” Santacruz Castro es hija de Bertha Lucía Castro Caicedo. Es la mayor de los nietos de Claudio Castro Hidalgo y Martha Caicedo de Castro. Nació en Pasto y creció en México, Pasto, Inglaterra, Chinchiná, Manizales, Bogotá y Santa Marta. El bachillerato lo terminó en el Colegio Javeriano de la capital de Nariño. Este 2007 se graduó como bióloga marina de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá y se radicó en Seattle, Estados Unidos. Tiene afición por la biología, la naturaleza y el buceo.


Como buena bióloga marina, tengo una pasión muy grande por conocer las infinitas maravillas que el mar guarda y mi pasión es aun más grande al conocer las maravillas de mi país, Colombia, donde la riqueza y abundancia natural es única a nivel mundial.
Hace unos tres meses, decidí hacer realidad un gran sueño y me aventure al viaje de 36 horas en barco en el Pacifico colombiano junto con 15 buzos mas, todos con el anhelo de bucear en Malpelo, Santuario de Flora y Fauna, hace poco declarado como Patrimonio de la Humanidad. 
En fin, el viaje fue exhaustivo, el mar nos sacudió parejo las 36 horas de viaje, hasta los marineros del barco  acostumbrados al trajín se maloquearon y todos dejamos desde nuestro primer tetero en las feroces aguas del mar Pacifico. Cuando al fin llegamos, no solo fue el alivio de poder anclar en un solo lugar y descansar del mareo, el espectáculo que las aves marinas nos dieron fue hermoso y al fondo un bello atardecer anaranjado, de resto, agua por todos lados, donde la costa más cercana a Colombia estaba a 314 millas.

 

Fueron cuatro días de buceo, donde hacíamos de tres a cuatro inmersiones al día, dependiendo del estado del agua, cada inmersión era aun mejor que la anterior, meros del tamaño de un carro, cientos de tiburones martillo quienes inocentemente nos rodeaban con cara de que son ustedes? mientras nosotros con susto pero con mucho respeto los observábamos sin inmutarnos, casi que sin respirar para que las burbujas no los asustaran. Una gran escuela (grupo o manada) de tiburones galápago se acercaron varias veces cuando intentábamos tomar buenas fotos, mientras que los tiburones sedosos, nos acompañaron en mas de una ocasión durante toda una inmersión, la diversidad era impresionante, tortugas, peces, estrellas de mar, corales y mas, nos asombraban en cada inmersión.
Los días pasaban y aunque ya el cuerpo empezaba a sentir cansancio, la emoción de lo que podíamos encontrar en la siguiente inmersión nos motivaba a seguir.
Era nuestro ultimo buceo, la dedición de bucear en el bajo del monstruo estaba sonando entre los instructores quienes estaban contratados por dos buzos camarógrafos de la National Geografic, las condiciones del agua no estaban muy buenas, habían bastantes corrientes muy fuertes y ya habían dos buzos con algunas lesiones a causa de accidentes inevitables en los anteriores buceos, sin embargo, el poder ver al tiburón monstruo o también llamado tiburón rayo de sol en Costa Rica, era algo que nos motivaba sin pensar en nada mas, fuimos únicamente seis buzos quienes nos apuntamos al riesgo, cinco instructores de buceo y una Dive Master (yo), las instrucciones eran muy claras, seguridad ante todo, debíamos llevar doble traje de neopreno, capucha y guantes, extra tanque, chorizo de salvamento (como un flotador) y pito.
Éramos tres parejas, cada uno con mucho equipo encima (luces, cámaras, extra luces) ya que anhelábamos hacer buenas tomas del famoso tiburón monstruo, salimos entonces en pequeños zodiacs, los cuales poco después de retirarnos del barco, debido al embate de las olas se comenzaron a hundir, toco sacar el agua (achicar) lo mas pronto posible mientras el marinero intentaba dar con el lugar exacto de inmersión, a ojo, cuando el marinero pego el grito, todos de espaldas nos tiramos al agua, donde inmediatamente, para evitar ser arrastrados por las corrientes, toco aletear hasta llegar al pico de una pequeña montaña submarina donde nos agarramos y comenzamos a bajar, tuvimos corrientes en contra muy fuertes pero al fin llegamos al famoso bajo del monstruo, 170 pies de profundidad, el agua a siete grados centígrados, cero corrientes, una calma absoluta, el tiburón hizo su aparición donde todos emocionados totalmente inmóviles intentando retener el aire para que las burbujas no lo espanten, llevábamos casi 15 minutos de inmersión y mi primer tanque ya estaba en las ultimas, todos hicimos cambio de tanques y decidimos comenzar a subir ya que debíamos hacer 3 paradas de seguridad para evitar cualquier problema de descompresión, además de  luchar con las corrientes teniendo en cuenta que teníamos un solo tanque, a mitad de camino, una corriente nos sacudió a todos, uno de los buzos fue azotado contra las rocas y subía inconciente muy rápido a la superficie, mientras yo, a pesar de sostenerme con todas mis fuerzas y también por tener guantes muy grandes los cuales no me dejaban agarrar bien, una  corriente me saco a mar abierto, totalmente perdida sin tener nada mas que agua a mi alrededor, fuertemente intentaba nadar hacia donde pensaba estaban mis compañeros, pero la corriente era muy fuerte y cuando mire mi medidor de aire, mi tanque estaba en reserva, lo que significaba tener aproximadamente cinco minutos mas de aire y aun estaba a 70 pies de profundidad, o sea mas o menos a 10 minutos de la superficie, haciendo las dos paradas necesarias, mi decisión inmediata fue usar la técnica de salvamento militar, subir lentamente de manera vertical intentando botar el aire lentamente y absorber igual poco aire, al fin veía la superficie, aun estaba a unos 40 pies, y mi estado de conciencia era cada vez mas débil, una película de toda mi vida paso por mi mente, donde miles de recuerdos junto a mi familia pasaban lentamente y aunque debido a mi cansancio por un momento pensé, mi muerte esta cerca, fueron esos recuerdos los mismos que me impulsaron a concentrarme he intentar llegar conciente a la superficie para poder utilizar el chorizo de salvamento y el pito y así ser encontrada, a casi milla y media del lugar de inmersión. Ya en el barco, tuve que tomar oxigeno puro por unos 15 minutos, tomar mucha agua y descansar, en cuanto al buzo que subió inconciente, recobro su conciencia sin ningún otro problema, solamente que perdió tres dientes por el totazo que se dio contra las rocas.

Una muy buena experiencia, aunque suene mucho riesgo, no es que sea algo muy común, la verdad es la primera vez que me pasa algo así, y es para mi una lección mas de mucho respeto y admiración al mar.

 

 

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