PINCELADA DEL RECUERDO:LUIS SEGUNDO HIDALGO CASTRO 

Por Antonio Gabriel Hidalgo Caicedo (aunque estoy en tercer nivel generacional: mi padre fue LUIS ANTONIO HIDALGO PANTOJA, hijo de LUIS SEGUNDO HIDALGO CASTRO Y MERCEDES PANTOJA, y  mi madre fue NATALIA CAICEDO HIDALGO, hija de MACARIO CAICEDO y ELINA HIDALGO, a la vez hija de ARSENIO LUIS DARIO HIDALGO y HERMELINDA BOLAÑOS)    

 

Hagamos de poetas como lo sugiere el título. Dos pensamientos me han motivado a escribir, una pincelada del recuerdo de una persona querida no sólo para mí sino para toda la familia. “Para vencer el tiempo y la muerte sólo queda el recuerdo de los hombres”, es el primero que ante lo inexorable nos lleva a vivir y revivir la memoria de quienes se fueron dejándonos un patrimonio moral y espiritual. Es un pensamiento, tal vez sentimental, frente a otro reflexionado por algunos investigadores (EL TIEMPO, 23 de diciembre del 2005) “las historias familiares pueden elevar la autoestima de los niños…una cierta comprensión de la historia familiar está relacionada con la autoestima y la resistencia de los niños…las historias de familiares que lidiaron con acontecimientos tristes o difíciles podrían dar a los niños la sabiduría y la perspectiva que necesitan para crecer…Las familias que comparten las historias familiares tienen niños a los que les va mejor”.

 En esta oportunidad, puesto que la habrá para otros antepasados, quiero hacer una remembranza de LUIS SEGUNDO HIDALGO CASTRO, nacido el 30 de abril de l885, siendo sus padres LUIS HIDALGO y DOMITILA CASTRO, sus abuelos maternos  JOAQUIN CASTRO Y LUISA BENAVIDES, en la partida de bautismo no aparecen los abuelos paternos, pero sí su padrino SALVADOR LANDAZURI y ALVINA ACOSTA, el primero de origen ecuatoriano, pese a lo cual fue Alcalde de Ancuyá, en varias oportunidades.

LUIS SEGUNDO HIDALGO CASTRO, de 30 años, el 7 de marzo de l9l5 contrajo matrimonio con MARIA JUANA MERCEDES, hija de Rosendo Pantoja y Luisa Castro. Obsérvese el parentesco desde antaño.

 Fue el menor de 8 hermanos: Arsenio, Fidel, Demetrio, Joaquín, Ezequiel, Isabel y Dolores.

 En su matrimonio fue padre de 9 hijos: Dolores, Clelia, Segundo Luís Antonio, Alfonso, Visitación, Julia,  Rosaurina, Olmedo y Lisandro.

 A los 24 años murió su madre DOMITILA CASTRO, razón por la cual compartió techo, mesa y, sobre todo, afecto con su hermano JOAQUIN y su familia, Al contraer matrimonio, su esposa contaba con 20 años de edad y tuvieron una convivencia de más de 50 años.

 Le agradaba “un trago” que según él mismo comenzó a gustarle a partir de la muerte de su madre. Era la oportunidad para iniciar una amistad o agasajar un hecho importante.

 Característica común con su esposa era la disponibilidad de servicio y desprendimiento de las cosas, mientras las necesitaren los vecinos o los amigos y aún los forasteros y desconocidos.

 Parte de las normas familiares era llevar una estera, de látigo o totora y una olla de comida a los “buenos amigos” o forasteros que por razones de policía eran retenidos en la cárcel municipal. La obra de misericordia no sólo era perfecta sino completa.

 Como todo buen liberal de la época era firme y consecuente con su ideología, sobre todo con la tolerancia, lo cual no le impedía tener  amistad con reconocidos conservadores, por ejemplo Don Zenón Caicedo y Don “Josefino” Caicedo (ambos de los “godos de Guapumá”), entre otras cosas por ser “buenos amigos”.

 Gustaba del proselitismo político. En épocas preelectorales, sin nada que dar, con excepción de dos botellas de aguardiente, visitaba a los amigos de El Balcón, Casavieja, San Luís, Los Pozuelos, para invitarlos al voto por algún candidato de sus preferencias. En esas Veredas todavía perduran descendientes de Don Federico Zambrano, Máximo Escobar que marchaban por la misma causa.

 Por la razón o la fuerza  en l946, cuando la temporada era más inmisericorde (agosto), tuvo que adaptarse a una nueva vida, pero pese a grandes dificultades y siempre patrocinado por su esposa, ofrecía no tanto espacio físico sino acogida y afecto a los entonces “desplazados”: familiares, amigos y paisanos.

 La virtud, la costumbre, el vicio, la adición, o lo que quiera llamarse, al trabajo demostrado en Ancuyá, lo siguió en Pasto, donde de alguna manera si no podía sembrar y cultivar el plátano lo revendía para salir adelante.

 Su perfil de carácter era de firmeza, verticalidad y tolerancia, sereno y tranquilo mientras las circunstancias lo permitían pero de reacciones que si no eran de temerse sí de respetarse.

 Con especial cariño recuerdo una costumbre de abuelo, de algún modo expresaba su afecto a los nietos: tocaba el gusto y afición de los niños: los dulces. Conforme a la época llevaba siempre un paquete de “Colaciones”, que eran repartidos dosificadamente. A primera instancia era algo sencillo y simple, pero que quedó profundamente grabado en el recuerdo.

 Era contrario al criterio clerical-conservador como liberal que era, pero eso no fue obstáculo para practicar una intensa devoción a la Virgen María . Durante el tiempo de construcción del templo siempre estuvo en disposición personalmente o con las “bestias” para transportar madera, arena o piedra. Tuvo especial amistad con algunos Párrocos, por ejemplo el Padre Julio Coral, quien inició la construcción, el Padre Primitivo Paz y Alfonso Meza.

 La edad y la enfermedad hepática minaron su existencia. Sin embargo parece ser que un infarto lo fulminó, pues sus deseos de vivir, su lucidez y su esfuerzo lo acompañaron hasta los últimos momentos, abandonándolo en plenas fiestas de San Pedro en l966, después de 80 años de lucha, dejándonos un patrimonio espiritual como “buen amigo”, murió “pobre pero honrado”. 

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