Recuerdos del Abuelo

Por: Gilberto Castro Caicedo

Hijo de: Claudio Castro Hidalgo y Martha Caicedo de Castro

Nieto de: Gonzalo Castro Araújo y Amalia Hidalgo de Castro Y José Caicedo y Serafina Aux

 

 Historia 1: Robando los huevos

A pedido del primo Gonzalo, en las siguientes líneas narraré algunas recordaciones del abuelo paterno Gonzalo. Lo más importante fue en las épocas de vacaciones en que pasábamos algunos días en Ancuyá. “Veraneando”.

Desde que yo me acuerdo siempre lo llamamos “Papa Noy”, me imagino que cuando pequeños no podíamos pronunciar bien: Papá señor y quedó de Papá Noy.

Lo que paso a narrar debió haber sido aproximadamente en 1970 cuando yo tenía 12 años.

Los compinches de todas las aventuras y travesuras durante las vacaciones era el Primo  Carlos Abel Castro (hijo de Carlos Aurelio Castro Hidalgo y Magdalena Melo) y Diego Caicedo Castro (hijo Carlos Caicedo y Josefina Castro Hidalgo) quienes tenían edades igual o casi igual a mí.

De entre las muchas actividades que nos inventábamos en vacaciones, habíamos organizado junto con otros amigos un paseo para el río Guaitara. Para poder llevar algo de fiambre nos repartimos las tareas, algunos estaban encargados de llevar tomates, otros cebolla, otros aceite y yo junto con Abel éramos los encargados de conseguir los huevos para hacernos en dicho paseo un buen perico.

Así que “El Abel”, siempre él era el de las ideas traviesas, decidió que podríamos robar unos huevos de los que ponían las gallinas del Papá Noy. El problema era que él había construido unos buenos galpones para sus gallinas con puertas de hierro hechas por él mismo y trancadas con buenos candados, apenas había dejado unos pequeños huecos para que las gallinas entren y salgan.

Al fondo estaban los nidos en unas especie de cajones de madera también hechos por el mismo como estantes y en esos nidos les había hecho unos huevos de madera pintados de blanco como muestra para que ellas pongan allí sus huevos.

Para poder robar los huevos teníamos que hacer algo porque por los huecos de las gallinas no cabía ninguno de nosotros. Así que nos conseguimos un palo bien largo, en la punta le armamos con alambre una especie de canastica. Ese palo lo metíamos por los huecos, con mucho cuidado llegaba hasta el otro lado donde estaban los nidos y así conseguíamos sacar un huevo de cada vez. Uno era encargado de sacar los huevos, otro de vigilar, en caso de que “El Papá Noy” apareciera.

De esta forma sacábamos como máximo unos 3 o 4 huevos por día. Abel siempre quería sacar más, no se podía sacar más porque él podía sospechar que las gallinas habían disminuido la producción, ya que en el fin de la tarde recogía los huevos y llevaba una estadística diaria de la producción.

Los huevos los llevábamos a esconder a la esquina más lejana e inhóspita del huerto, allí debajo de unas tejas los dejábamos camuflados.

El día programado del tal paseo al Guaitara, fuimos a recoger los huevos escondidos, ya debían de haber unos 10 o 12 huevos. Pero… la gran sorpresa es que no había ni UN SOLO HUEVO, desaparecieron TODOS. Pensamos al principio que talvez fue una raposa (sarigueya), pero la raposa se los hubiera comido allí mismo y dejaba por lo menos las cáscaras.

Hasta el día de hoy del año 2006, 36 años después, no sabemos quien se robó los huevos que le habíamos robado al Papa Noy. Sospechamos que los “tejeros “, empleados del Papa Noy de la tejería, nos debieron haber estado siguiendo y descubrieron nuestra caleta. Tal vez algunos vecinos de los huertos de al lado nos vieron guardar los huevos y se los llevaron.

Así que tuvimos que cancelar el paseo y aplazarlo para la próxima semana.

En la siguiente semana cambiamos de escondite y tuvimos más cuidado para que nadie nos estuviera vigilando en cuanto realizábamos nuestras fechorías.

Así que en la siguiente semana si fue posible organizar el paseo al Guaitara con el fiambre de huevos pericos.

 

Historia 2: Pisando las tejas

En aquellos tiempos nos gustaba jugar atrás en el huerto de la casa del Abuelo en Ancuyá, era llena de árboles de todos los tipos, para nosotros eso era como la selva amazónica, llena de emociones.

Un día de esos, Abel tuvo la idea de caminar por entre las tejas y ladrillos fresquitos que los tejeros habían terminado de hacer en ese día. Ellos las dejaban tendidas secando en el suelo de esos galpones. Abel fue derecho por encima de ellas, yo le gritaba que no pues sabía cómo el Abuelo se iba a poner de bravo por esa pilatuna, pero nada pude hacer. Abel siguió caminando por encima de ellas y yo lo seguí. Me pareció muy chévere y seguimos caminando.

Esa primera vez tal vez les dañamos un 20 % de la producción de ese día.

 

Al día siguiente los empleados le pusieron la queja al Abuelo. ¿Quiénes más podrían ser los sospechosos? Los únicos muchachos que andaban en esa casa éramos nosotros, además dejamos estampados en las tejas y ladrillos las huellas de nuestros baratos zapatos tenis marca “Croydon”.

Por esa pilatuna me gané una tremenda regañada del Abuelo. Por eso al Abel el Abuelo no lo quería ver mucho por allí porque era el líder de las pilatunas. Claro, era yo quien recibía los regaños del abuelo.

Durante todos esos días de vacaciones en Ancuyá, el Abuelo nos hacía rezar a las 7:00 PM el Rosario y después tendríamos que ir a dormir.

Durante el día cuando nos pillaba por allí medio juiciosos nos reclutaba para enseñarnos el Catecismo y los pasajes de la Biblia, comenzando por Adán, Eva y el pecado original. Desde eso, nunca más me he olvidado de las primeras líneas de la Sagrada Biblia.

A propósito, le acabo de preguntar a mi hijo Edu, de 20 años, si sabe como comienza el Génesis. Me dice que no sabe. Ahora me doy cuenta que debí haber seguido el ejemplo de nuestros Abuelos.

Mi hermano Javier era un poco menor que yo, por eso no era de mi gallada de pilatunas y cuando él iba a Ancuyá se la pasaba leyendo los libros y revistas de la biblioteca personal del abuelo. Especialmente las Selecciones de Reader’s Digest, etc.

Así que yo era el que más broncas llevaba del Abuelo.

Al fin de todo estos son unos buenos recuerdos de las vacaciones en la casa del Papá Noy. ¿Será esta la oportunidad para esperar de Abel una confesión escrita en esta página web sobre el tema de los huevos?

 Guarapari , Brasil, Diciembre 1, 2006

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