ARTÍCULOS ESPECIALES.

El Ancuyá de años infantiles: 

 

Por: Gonzalo Castro Hidalgo (SJ)

Hijo de: Gonzalo Castro Araujo y Amalia Hidalgo Bolaños

1.- Históricamente me ubico en los años 1.945-50 

2.- No conocí a los abuelos: Arcenio Hidalgo (Tinterillo) y Fernando Castro (“comerciante”), tengo gratos recuerdos de las abuelas: Hermelina Bolaños (“médica”) quien dominicalmente reunía a los nietos para participarles el caldo de carne y Eva Araujo (fabricante de cigarrillos y velas). 

3.- El número de casas se podría decir que se conserva, el pueblo no crece, cambia de estilo: había muchas casas de paja en bareque, la gran mayoría en tapia con andenes muy amplios, cubiertas de teja de barro. En el actual parque, en ese tiempo plaza de mercado,  en el sector frente al templo casas de dos pisos. 

4.- Servicios públicos: sanitarios públicos por el sector de “púpura”, en la salida hacia  “La Loma”,  algunas con letrinas de pozos sépticos. El agua se tomaba en las pilas públicas, una en la plaza (esquina de la actual casa de Raquel Castro) en ese tiempo de Hermógenes Egas, otra en el actual mercado, otra bajando a nuestra casa, esquina de Juanita Egas y el sector de los baños públicos (Duchas) subiendo al pedregal, al costado de  “San Francisco”, verdaderamente era una obra muy bien construida. El alumbrado público consistía en unas lámparas que el personero del pueblo alimentaba todos los días con petróleo y colgaba en los andenes de algunas esquinas del pueblo, muchas veces tuve que cumplir con esa misión, siendo mi papi personero.   

5.- Personajes que para nosotros eran “viejos” y que ahora, haciendo la comparación, no lo serían: Don Fino, vivía en El Ingenio y todos los domingos bajaba al pueblo a caballo y de él no se bajaba ni para comprar el trago, por la tarde el caballo sabía que tenía que regresar. Doña Rosa Lagos y su esposo Maximino Casanova quienes todos los domingos preparaban una “fritanga”, cuyo sabor hasta ahora lo conserva las neuronas. Don “Tito”, pordiosero con la cara desfigurada, de cuyo nombre se valían nuestras mamás para hacernos obedecer: “te voy a regalar a don Tito”, decían. El eterno policía “municipal” Cesáreo Molina, el guarda-espaldas de la bebé Amalia Castro Hidalgo. El la vigiló  mientras nuestro padre cumplía con su misión de Alcalde. 

6.- Vías de comunicación: lo eran los caminos de herradura, o mejor las zanjas por donde se iba a pié a Sandoná, a Guaitarilla, al Llano, por el actual estadio y de ahí a Quemá, para La loma. Eran unas zanjas llenas de barro, a las mulas les daba el barro a la barriga y por ahí caminaron nuestros antepasados. 

7.- Nuestro párroco, el Padre Tobías Romo, nacido en Yananchá, se “graduó” de ingeniero estudiando teología en el seminario Mayor de Pasto. Con una tabla de unos treinta por treinta centímetros, una piola de diez metros, un palo como de escoba, un nivel y con el ojo puesto en la persona que le tenía el extremo de la pita, trazó y dirigió la carretera a Guatarilla . Y un día cualquiera de 1.946 entró a Ancuya la Camioneta del templo. Para su inauguración y para matar la curiosidad del populacho dio un sinnúmero de vueltas por las únicas calles vehiculares: las que rodeaban la plaza de mercado, hoy parque. 

8.- Ladrillo del templo, nuestro padre decía que él aportó con más de quinientos mil adobones (júntese unos cinco ladrillos de hoy) y él mismo los fue a pegar con “argamasa”: arena y cal que él también sacaba y quemaba, molía y preparaba, siguiendo las instrucciones de Don Farinango, el constructor del templo, con quien años más tarde, recordando estas historias, en Pasto se pegó la única “jala” que yo me acuerde, por las cantinas frente al teatro Alcázar. Ahora llevan arena desde Pasto o Túquerres, en ese tiempo íbamos  a traer (también me tocoó) todo el pueblo en horas de la tarde por la salida al “papayal”, antes de llegar al puente.

9.- La Banda dos de julio que todavía conocemos y alegra toda clase de fiestas, guardando al mismo tiempo el espíritu musical del pueblo, en ese entonces salía a acompañar todo entierro “de primera”, porque también había de segunda y de tercera. A este último no salía ni el párroco. La música tenía que ser una de aquellas sinfonías clásicas conocidas en el mundo entero. 

10.- Tal vez desde aquella época, por allá en los cuarenta y... no ha organizado una corrida de toros. Para lo cual se cerraba en la plaza de mercado, hoy parque todas las boca calles y quedaba convertida en plaza de toros. Creo que los toros eran los que iban a parar al matadero el domingo siguiente, ¿los toreros?  Todo el que se animaba a desafiar a esas fieras. Yo miraba desde la casa de la mamá Eva. Cinco y seis de enero todas aquellas danzas que suelen presentar algunos grupo folclóricos: tejer las cintas, correr las cintas a caballo, disfraces.

11.- Las calle debieron ser empedradas en el siglo XIX porque aún se conservaba una parte. Por los bordes entre el anden y la calle tenía la “Sangradera” para que corriera el agua en tiempo  de invierno y el agua en donde lavaban los platos, que tiraban de las casas, no había alcantarillado. En una oportunidad me lavaron con una agua en donde habían lavado el talego de hacer café y llegué a la casa chillando. Todavía me acuerdo quien fue. Aun vive.

Dejemos para otra oportunidad.

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LOS HIDALGOS VIEJOS QUE YA SE FUERON

Por: Jaime Gonzalo Castro Caicedo

Hijo de: Claudio Castro Hidalgo y Martha Caicedo de Castro

 

¡ Por que se algo de sus historias ¡

Dirán algunos, la verdad no es que yo sea de su generación, apenas tengo cumplidos a la fecha 42 años…. ¡ La Flor de la Vida ¡; soltero y con muchos compromisos. Lo que pasa es que en mi familia Castro Caicedo, debido al numero de hijos que somos 11 hermanos todos ellos vivos, a tempranas edades nos repartían a vivir con los abuelos en el pueblo, seguramente para no congestionar en Pasto o por que no estorbáramos tanto. En mi caso yo viví hasta los 7 años con mis abuelos Paternos, es decir don Gonzalo Castro Araujo y mi abuela Amalia Hidalgo Bolaños y con todas las tías que allá todavía viven. En esa época, como no tenia ni papa ni mamá en ese lugar, mi mundo era muy grande y mis travesuras también, …. De ese tema es mejor no escribir, solo basta decir que por fortuna sobreviví.

EL TÍO MACARIO HIDALGO Y DOÑA ALODIA BASTIDAS:

Como todos los Hidalgos, de excelente genio. La pareja vivía en una equina a una cuadra de la alcaldía por donde antes llegaban y pasaban  los buses del Pueblo, es decir en la salida para el río Papayal…. ( Me acorde de los paseos a los pozos en ese río que se hacían por todo el pueblo y donde llegaban Hidalgos, Castros en temporada de Verano ), Justamente en toda la esquina, un lugar estratégico para montar una tienda, y justamente eso era lo que ellos tenían.

 Serian los años 1970 y en el pueblo no había luz, para la época y el pueblo la tienda era muy bien surtida en cuanto a su ramo, es decir las telas  y botones y uno que otros artículos de la época. Rollos y rollos de tela muy bien organizados, varias vitrinas de mostrador construidos en madera gruesa firme, pesada, que a la vez servía de mesa para extender los rollos de tela y medir, vidrio al frente y de lado a lado del mueble en la parte media una baranda de madera gruesa redonda y fuerte que protegía el vidrio de los clientes con rodillas inquietas….. Pero para un niño un excelente peldaño y pasamano para subirse al mostrador y con los pequeños zapatos  de todas formas  romper el cristal. Así eran los diseños de las vitrinas de la época. Seguramente por su forma y acabados posiblemente el mismo Tío Macario Hidalgo lo habría construido, ya que eran muy  reconocida  y apreciada sus habilidades de Carpintero Empírico ( por que no había más otro titulo)  y  no de Ebanista, que es otra cosa y que lo heredaron de todas formas don Lisandro Hidalgo, éste si con las respectivas acreditaciones del Estado.

Tenían mucha paciencia para atender a su clientela, en el lugar se confundían los olores de las telas nuevas con los de combustible Acpm o Petróleo que también se vendía  y con el olor de caucho  de los pocos modelos de zapatos de la época que la gente usaba y que allí de todas formas se vendían.

Para el gusto de un niño esa tienda era muy aburrida, atendida por viejos, nada colorido, pues las telas de entonces no usaban muchos colores, no vendían nada de alimentos, ni siquiera las rosquillas del pueblo que era de los pocos alimentos que se vendían en las tiendas  en comparación de ahora, solamente objetos extraños y opacos sin brillo, sin ningún uso aparente, ni siquiera para jugar….. Solo los embudos metálicos de muchas medidas  que se usaban para despachar al menudeo los combustibles, los usaba de trompeta, de gorro, de cualquier cosa. Me gustaba más ir a la tienda de la Tía Emilia localizada en la esquina del parque donde al menos había muchas gaseosas de colores que llamaban la atención.

Al fondo de la tienda, detrás del mostrador, la tienda tenía a todo lo ancho de las paredes  los anaqueles o repisas donde cuidadosamente se mantenían enrollados las telas y las cajas de zapatos para la venta.  Miraba a los dos señores que con su hablar lento y pausado mostraban los artículos a sus clientes…. Ahora que lo pienso, a decir verdad no parecía que  mucho movimiento, seguramente por que  yo llegaba allí con mis tías en días de semana y no los domingos  como es la costumbre para el comercio del pueblo hasta la actualidad.

Con el tiempo crecí , el Tío Macario  y doña Alodia se cansaron por los años  y cerraron su negocio, sus hijos crecieron también y se los llevaron a vivir a la ciudad de Pasto, donde de vez en cuando con su paso lento pero seguro, el Tío Macario nos visitaba  desde su casa por los lados del Barrio San Ignacio hasta la nuestra en el Barrio Santiago. Para ese entonces, yo con mis 17 o 18 años lo reconocía y lo veía físicamente igual de siempre, es una edad de los viejos en la cual pueden pasar 20 0 30 años en las que no se cambia mucho físicamente en apariencia, el Tío se tomaba un café, conversaba con mis Padres, no se de que cosas, solo sabia que continuaba con su oficio de carpintero y que hacia arreglos de cajones, puertas fuertes,  pesadas y duraderas, armarios;  Sabía que los trabajos de carpintería los hacía por encargos especiales, sin tener mucha utilidad económica , lo hacia por que le gustaba, y siempre le quedaban a su estilo, fuertes , duraderos, y muy útiles que era lo necesario.

No lo volví a ver más, pues yo también por esos años termine mi bachillerato y me fui de la ciudad no se cuantos años tendría él en ese entonces, solo sabia que a mi mamá le seguía haciendo algunos trabajos de carpintería.

Los pocos  Castro Caicedo  que por los años siguientes quedaron en la ciudad  luego se trastearon por última vez hacia donde ahora viven.

Hace 4 años, volví nuevamente a vivir en la ciudad de Pasto y llegue a rematar y vender  esa vieja casa abandonada y derruida. Saque antes de hacerlo todo lo que se pudo y que le podría servir a alguien, hasta los incumplidos inquilinos que no servían para nada. En una de tantos cuartos derruidos de piso y techo  encontré un closet de madera empotrado en la pared, un mueble que era el que mejor se conservaba, en  buen estado,  de características  por mi conocidas, de bajo presupuesto, poco elegante, pero muy bien ensamblado y de madera bien trabajada,  con algo de dificultad en su movimiento por los ganchos y accesorios modernos que se le quisieron colocar, pero conservaba su belleza y podría entrar a funcionar con pocos arreglos en cualquier momento. Pregunte a mi mamá que me acompañaba ¿quien había echo eso? ,  y me contesto El Tío Macario Hidalgo, me llegó a la memoria todos los recuerdos guardados de él, seguramente fue uno de sus últimos trabajos pedidos por encargo. Mantenía los rasgos de los muebles fabricados por él, aunque se notaba que al final intento incorporar a su trabajo accesorios modernos en los herrajes  pero que le costaba dificultad acomodarse a ellos, de todas formas era un mueble seguramente extraño para el  construir  “ Un Closet de ciudad  “  empotrado y fijo en la pared , nada que ver con sus tradicionales puertas, sillas ,  mesas y andamios , pero de todas formas se le midió a la obra a pesar de que la vieja casa tampoco se prestaba como para instalar “closets” .

Con gusto  me lo habría llevado para colocarlo en otro lugar,  pero me di cuenta que al sacarlo se dañaría  y me daba pena hacerlo, así que allí se quedó. Con seguridad los compradores de esa casa lo harían pues el destino del lugar estaba sentenciado…. Había que tumbar la mayor parte de las construcciones y solo servía como lote. Ahora allí el nuevo propietario tiene una gran bodega de material textil  y materiales para zapatería. 

La tienda de Ancuya paso de manos también  y cambio por igual su arquitectura, ( ahora es más “ vanguardista “ )  sigue en la familia y a pasado de ser Cuarto de  san alejo a  casa de familia, dormidero de policías, peluquería, almacén de artesanías y en mi ultimo viaje restaurante de pueblo… Los buses ya no entran ni salen del pueblo por esa esquina.
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Para los que no saben, los hijos del Tío Macario Hidalgo y doña Alodia con los que yo más contacto tuve son Ramiro Hidalgo y Berta, ( no se si serán más) , el uno fue mi profesor en la Industrial  y de quien se lo poco del reino de  los protístos e invertebrados y la otra enfermera,  nos encontramos solo a fin de año…. En la fiesta de los Hidalgos.

 

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